Advertencia: Este reportaje contiene descripciones de abusos sexuales que pueden herir la sensibilidad del lector.
El primer día de trabajo, Julio Iglesias le dijo a Rebeca (nombre ficticio) que quería examinar las uñas de sus manos.
El legendario cantante español, entonces de 77 años, estaba sentado en un carro de golf con el que suele recorrer su lujosa villa frente al mar de Punta Cana, República Dominicana, repartiendo saludos y gritos, según su tornadizo humor.
Hasta que la llamaron para contratarla en el servicio doméstico del lugar, Rebeca no tenía a Julio Iglesias en su ‘playlist’ de música ni en su memoria.
La joven dominicana -que tenía 22 años en ese momento- tuvo que preguntarle a Google para enterarse de que el avejentado personaje con dificultades para caminar fue uno de los artistas de habla hispana más famosos del siglo pasado. ‘El amante latino’, le decían.
“Entonces me pregunta mi nombre y me dice: ‘A ver tus uñas’, para ver si yo era limpia”, recordó Rebeca. Era principios de 2021 y ella tenía puesta una mascarilla para protegerse del covid-19.
El cantante inquirió por una pequeña mancha en la mano de la joven. Ella explicó que se había untado con un tinte de cejas: “O sea, es algo que se me va con agua”.
Le pareció “muy extraño” ese primer encuentro con Iglesias. El cantante también le preguntó si quería viajar por el mundo y si sabía inglés, a lo que ella respondió que “muy poquito”. “Me comentó en ese momento que yo era muy bonita”. A los pocos días, recuerda, le dijo que tenía “muy buenos glúteos”. En cuestión de semanas, la presionó para participar en un encuentro sexual con él y una de las encargadas de las casas, según Rebeca.
Con el tiempo, el apacible refugio de Punta Cana terminó convirtiéndose en una cárcel de palmeras para Rebeca. Allí, según ella, Julio Iglesias la agredió sexualmente una y otra vez y la sometió a humillaciones laborales junto con otras compañeras de orígenes igual de humildes. Lo mismo se repitió en la mansión del cantante en Bahamas, dijo.
Rebeca fue contratada para limpiar la villa y cocinar. Como parte del proceso de selección, le pidieron referencias, cinco fotografías, un currículum y le preguntaron si tenía hijos. Tanto ella como el resto de empleadas entrevistadas trabajaban en régimen interno, alojadas en la casa y sin apenas contacto con el exterior.
“Me sentía como un objeto, como una esclava en pleno siglo XXI”, dijo Rebeca. “Él me metía los dedos por todos los lados”. En esos momentos, pensaba que no podía escapar: “Soy tu puto robot, tu esclava, tu muñeca. Y no puedo moverme, no puedo moverme”.
Rebeca es una de dos exempleadas de Iglesias que relataron a elDiario.es y Univision Noticias las agresiones sexuales que sufrieron por parte del cantante multimillonario. Ella contó cómo fue penetrada contra su voluntad; sufrió bofetadas, insultos y vejaciones físicas y verbales por parte de Iglesias, y fue coaccionada a participar en tríos en los que él daba instrucciones de cómo interactuar sexualmente con una de sus asistentes, mientras él se masturbaba.
La joven dominicana, que venía de pasar literalmente hambre por los estragos económicos de la pandemia, explicó que su miedo no era necesariamente quedarse sin trabajo, sino ser humillada por “el señor”, como se refería a Iglesias aún cuando era abusada, según dijo.

Federica Narancio / Univision.
Laura, la segunda exempleada con la que hablamos, trabajó como su fisioterapeuta. Contó que Iglesias la manoseó y besó sin su consentimiento y fue insultada constantemente. El último día que trabajó para él, dijo que el cantante la presionó para hacer un trío, pero ella se negó.
Iglesias le decía que era una vergüenza para su profesión. Ella dijo que la acosaba con preguntas morbosas sobre su vida íntima y llegó a retorcerle con fuerza los pezones mientras lo ayudaba con su terapia en la piscina.
“Me los aprieta durísimo […] Y le digo: ‘Me duele’. Porque no es solamente que te toque, es que te lastima, ¿me entiendes? Me dice: ‘Es que tienes los pezones grandes’, y sigue como si nada”.
La joven venezolana tenía 28 años cuando recibió la noticia de su contratación con una llamada del propio artista a comienzos de 2021. “Él me dice: ‘Te habla Julio Iglesias, ¿estás lista para que te cambie la vida?’. Yo le dije que sí. Me dijo: ‘Vas a viajar por el mundo conmigo’. Y vaya que me cambió la vida”, recordó.
Los nombres de estas dos exempleadas –así como el de otros testigos y extrabajadoras que aparecen en el reportaje– fueron cambiados para proteger su identidad. Ellas dicen que temen las posibles repercusiones que podrían sufrir debido al poder y la fama del cantante. También quieren evitar ser estigmatizadas y revelar su identidad cuando ni siquiera le han contado a sus familiares lo que vivieron.
Por su parte, Julio Iglesias no ha respondido a una larga lista de preguntas sobre las acusaciones que le enviamos elDiario.es y Univision Noticias a través de mensajes de texto, email y correo. Además, uno de nuestros periodistas llevó las preguntas impresas y en un sobre a sus residencias de Florida y Punta Cana. Iglesias tampoco respondió a las reiteradas llamadas telefónicas que le hicimos. Uno de sus representantes legales con quien pudimos contactarnos respondió a nuestros emails iniciales, pero no a los referentes a las acusaciones.

Esther Poveda y Federica Narancio / Univision.
En elDiario.es y Univision Noticias corroboramos el testimonio de Rebeca con el psicólogo que la trató tras abandonar la casa del cantante, así como con un conocido que la apoyó emocionalmente durante el tiempo que trabajó para Iglesias. Una amiga de Laura, que estudió psicología, confirmó que la fisioterapeuta le comentó los presuntos abusos en el momento en que ocurrieron.
Ambos medios contrastamos las declaraciones de las jóvenes con abundantes documentos que acreditan su relación laboral con el cantante y respaldan detalles de sus testimonios.
Las exempleadas aportaron constancias laborales, fotografías, grabaciones, mensajes de WhatsApp, registros de llamadas y pedidos de permisos migratorios de Julio Iglesias al gobierno de España, de Bahamas y de República Dominicana.
Los periodistas también tuvimos acceso a resultados de pruebas ginecológicas y de enfermedades de transmisión sexual que varias empleadas domésticas debieron hacerse en junio de 2021, tal como relataron tres de las entrevistadas. Pudimos revisar un mensaje al grupo de WhatsApp de las empleadas donde la encargada de la casa de Iglesias les pidió que le enviaran los resultados: “Girls. Mándame por favor todos todas los análisis, vamos a ver qué exactamente pasa [sic]”, dijo.
Rebeca explicó que esta misma mánager favorecía y participaba en las solicitudes sexuales que les hacía Julio Iglesias. En elDiario.es y Univision Noticias hemos tratado de ponernos en contacto en repetidas ocasiones y por diferentes vías con esta encargada, sin obtener respuesta a las múltiples preguntas que estos medios le hicieron llegar.
Hablamos con Rebeca y Laura en varias ocasiones, cuando ya no trabajaban para Iglesias, y sus versiones de los hechos se mantuvieron consistentes. Aunque las dos coincidieron durante su paso por las mansiones del cantante en el Caribe, apenas se relacionaron entre ellas en aquel momento. Dijeron que era una regla general: por órdenes de Iglesias, las empleadas no podían relacionarse entre sí.
Ante el temor que sentían al compartir sus relatos, las entrevistadas pidieron asesoramiento legal y fueron remitidas a una organización internacional que defiende los derechos de las mujeres. Fue mediante esta organización que, por decisión propia y sin participación de los medios, terminaron recibiendo asesoría.
Periodistas de elDiario.es y Univision Noticias hablamos con más de una decena de exempleados -jardineros, pintores y demás personal de servicio- que trabajaron en distintos periodos entre finales de los años 90 y 2023 en las casas del cantante en República Dominicana, Bahamas y España. Estas entrevistas contribuyeron a entender el clima de aislamiento, los conflictos laborales, la estructura jerárquica del personal y el temor que el carácter irascible de Iglesias a menudo generaba entre quienes trabajaban para él.
Villa Corales 5
Julio Iglesias pasa la mayor parte del año en su mansión de Punta Cana, en República Dominicana. Villa Corales 5 está conformada por un conjunto cerrado y vigilado de viviendas de madera de caoba, bankirai y pino Oregón con nombres como Bonita Uno, Cenicienta, Balinesa, salones de recepción y servicio, un estudio de grabación, una enorme piscina y gimnasio.
El frondoso jardín de palmas, trinitarias e islas verdes hace casi invisible el interior del predio. A un costado limita con la mansión que perteneció al diseñador dominicano Óscar de la Renta. Al frente, el mar profundamente azul del Caribe vigilado por fragatas de la Armada atentas a los paparazzis.
Las jóvenes entrevistadas coincidieron en que toda esa belleza natural perdió el encanto en el tiempo que vivieron allí. Con la pandemia como argumento, Iglesias solo les permitía salir a tomar sus días libres después de tres meses de labores sin descanso. Entre tanto, debían permanecer en la custodiada villa sin posibilidad siquiera de ir al supermercado. Sus familiares solo sabían de ellas gracias a llamadas y mensajes del celular.

Era un ambiente de “encierro” agobiante, explicaron. Algunas encontraban una vía de escape burlando las garitas de vigilancia para escabullirse al final de sus jornadas. Más tarde, regresaban a escondidas a sus dormitorios.
Las empleadas tenían prohibido hablar con los trabajadores hombres de la villa y a Iglesias tampoco le gustaba que entablaran amistad entre ellas. Así se lo hacía saber el cantante, según Laura: “Él sí te hace una advertencia, y es que no puedes confiar en nadie dentro de la casa […] ‘Tu único amigo soy yo’”.
Federica Narancio y Esther Poveda / Univision.
Antes de su llegada a “la casita del terror”, como terminó refiriéndose a la villa, Rebeca había vivido una vida sin lujos. Huérfana de madre, dijo que trató de “salir adelante” desde muy pequeña. Lo intentó con una carrera técnica de turismo, que tuvo que dejar por falta de recursos. También trabajó de cajera en un puesto de venta de celulares, vendió jugos naturales y ropa en una tienda. Su sueño, según contó, era construirle una casa a su padre.
La primera vez que Rebeca dejó su casa familiar en Santo Domingo fue cuando comenzó a trabajar para Iglesias. “Nunca me había ido de mi casa, de mi papá, y estaba un poquito ingenua y tenía miedo, no le voy a negar”, relató.
El desvelo
En 1963, Julio Iglesias sufrió un accidente de auto y, durante la hospitalización, le detectaron un tumor. A sus 82 años, y como consecuencia de la operación, arrastra dolencias de espalda que ha buscado tratar con ejercicio y fisioterapia.
Una noche que se quejaba de los dolores, Iglesias llamó a Rebeca a su dormitorio en la villa de Punta Cana para que le ayudara a calmarlos, según contó. Al llegar a la alcoba del cantante, él le dio las instrucciones de lo que debía hacer.
“Es vergonzoso para mí lo que voy a decir, pero cuando yo voy allá, él me pone a chuparle el pito para no sentir dolor y lamerle el ano”, dijo Rebeca. “Y así yo pasé la noche entera”.
Cuando el sueño la vencía, Iglesias la jalaba del pelo para acercarle el rostro a sus genitales, recordó. “Obvio no era algo que hacía con gusto o con placer”, comentó Rebeca. “Pero él volvía y me jalaba o me hacía así para que yo siguiera. Y él me decía: ‘Ay, ahora estoy mucho mejor, que me hagas esto… que ese puto dolor’”.
Esa mañana, Laura, la fisioterapeuta del cantante, vio a Iglesias y le preguntó qué tal noche había pasado. “Y él me dice: ‘Pues mira, no pude pegar ni un ojo’”, recordó ella. “La pobrecita de [Rebeca], refiriéndose a la chica del servicio, pasó toda la noche chupándome el pito para ver si me daba sueño, pero ¡qué va! No pude dormir”.
Al principio, Laura creyó que su jefe bromeaba, fiel a su estilo “vulgar”. No llegó a preguntarle sobre esto a Rebeca porque dentro de la casa apenas mantenían relación. Fue cuando ambas dejaron de trabajar para Iglesias que volvió a entrar en contacto con Rebeca: “Ella me cuenta que esto es real”, dijo.
¿Eres de «mente abierta»?
Las entrevistadas contaron que Julio Iglesias tenía su propio método para enterarse de la vida íntima de las exempleadas. En la playa o en su carrito de golf, les preguntaba si eran de “mente abierta”, si tenían novios o hijos. Indagaba por su pasado, por sus padres, su familia y sus sueños. Ambas contaron que, al poco tiempo, las preguntas y comentarios se volvieron de índole sexual; incluso preguntó a una de ellas si se masturbaba. Finalmente, las presionaba para hacer un trío sexual con él y una de las encargadas de las casas que tenían superioridad jerárquica.
Federica Narancio, Esther Poveda / Univision
La primera vez que se lo propuso a Rebeca fue en la playa privada de la villa, recordó ella. Estaban en el mar junto a una de las asistentes de confianza del cantante. “¿Eres libre?”, le preguntó Iglesias. Ella respondió que “sí”, sin haber entendido bien a qué se refería. Luego, él le hizo otra pregunta y ella asintió con la cabeza, sin haber escuchado claramente, según dijo.
“Cuando salimos a la playa, ella (la asistente) me dice: ‘¿Tú estás segura de lo que acabas de aceptar?’. Yo subo para la cocina porque ya yo vi a lo que iba esto y yo súper nerviosa, el estómago revuelto. Me estaba escondiendo”.
La asistente le aclaró que Julio quería que ella y Rebeca participaran en un trío.
“Ella me dice: ‘Mira, es que él quiere que nos acostemos juntas hoy’, me explica. Y yo le digo a ella que yo no lo voy a hacer, que estoy muy nerviosa y que yo no quería hacer eso. Y ella me dice que sí, que lo tienes que hacer”, aseguró.
Rebeca terminó de fregar los platos y se presentó en la recámara de Julio Iglesias en el centro de la villa. Según Rebeca, antes de su encuentro con el cantante, la asistente le ofreció varias copas de vino y chupitos de tequila.
“Me da tres o cuatro tragos de Patrón, de tequila, como para que yo no estuviera nerviosa”, señaló Rebeca. “Yo le estoy diciendo que no lo quiero hacer, que no lo quiero hacer. Y me está diciendo ‘sí’, como que me está convenciendo, y yo que no. Y lo último que hizo (la asistente) para convencerme fue decirme que fingiera”.
Rebeca dijo que Iglesias le ordenó a su asistente que la “vistiera como de hawaiana”. Tuvo que caminar en unos tacones muy altos que no podía controlar, con un pareo en el torso y otro alrededor de las caderas. El cantante estaba en la cama vestido –como era usual– con una camiseta y el resto de su cuerpo desnudo.
“Me preguntó que si yo sabía caminar con tacos y yo le digo que no. […] obviamente cayéndome, tambaleando”, dijo.
Su compañera le propuso que –para hacerle menos angustiosa la sesión– fingiera y se cubriera la vulva con la mano. Pero el cantante se percató y le retiró la mano, según Rebeca.
“Entonces esa noche yo estaba un poquito borracha porque me habían dado el vino y me habían dado el tequila y, bueno, hicieron lo que hicieron y yo me quedé dormida y no recuerdo más”.
Tras ser contactada por elDiario.es y Univision Noticias, la asistente mencionada por Rebeca calificó las alegaciones como “patrañas” y alegó que trabajó para Iglesias como “bailarina por muchos años”. Además, añadió que solo tenía “agradecimiento, admiración y respeto” por el cantante, y le describió como “un gran caballero y muy respetuoso con todas las mujeres”.
El mito del conquistador
Julio José Iglesias de la Cueva, el baladista y compositor que más ha cantado al amor y a las mujeres en diferentes idiomas, fue un ídolo mundial. Su nombre llegó a los récords Guinness como el artista latino con más ventas en el planeta, con 250 millones de discos vendidos.
Sus grandes éxitos “Hey”, “La vida sigue igual” y “Soy un truhán, soy un señor” se escucharon en los rincones más remotos del mundo en idiomas como el tagalo de Filipinas o el indonesio. Su fortuna está estimada en 720 millones de dólares, según la lista de millonarios españoles de Forbes de 2025.
Hay otro récord del que Iglesias alardeó durante su carrera artística: el de haber tenido relaciones sexuales con unas tres mil mujeres. Entre sus aparentes bromas a cámara y anécdotas de seductor, la leyenda de casanova quedó grabada.
Iglesias escribió en su autobiografía que su cuerpo necesita «hacer el amor todos los días, todas las noches». Eso, concluyó, lo hacía sentir “un poco árabe, un poco como el jeque que en ocasiones escriben de mí los periódicos, que llevo dentro».
Tenía una especial fijación con los tríos, según contó su exnovia tahitiana Vaitiare Hirshon en el libro Muñeca de Trapo (Ediciones B, 2010).
“Cada noche hay una mujer distinta en nuestra cama”, escribió. “Son como él las quiere, siempre de senos grandes y dispuestas a todo… Son sombras que me abrazan, me hacen el amor, me comparten con él”, agregó.
En ese libro también se relata una escena en la que Iglesias mantuvo relaciones sexuales con una niña de 16 años en Galicia, España. Hirshon, quien inició una relación con él cuando tenía 18 y él 40 años, reveló en su libro que a Iglesias también le gustaba tomar cocaína.
“Julio me da cocaína. No quiero aceptar, he estado libre de drogas durante meses. Insiste y finalmente inhalo la raya. Luego hacemos el amor”, escribió.
Le enviamos preguntas a Julio Iglesias y a uno de sus representantes legales sobre estas alegaciones, pero no obtuvimos respuesta.
En escenas celebradas por los medios como travesuras del símbolo sexual de moda, se le vio besando repentinamente en la boca a actrices, presentadoras de televisión, periodistas y admiradoras.
“Hoy estaría en cana (prisión) Julio Iglesias, porque no solamente se le acercaban, o él se acercaba a las minas (muchachas), sino que las tocaba”, comentó María Eugenia Fernández, una de las integrantes del famoso coro de Las Trillizas de Oro que viajaba con el cantante y su orquesta.
“Hoy estaría con un juicio que le darían cadena perpetua”, agregó en una entrevista en el programa Falta de Respeto, en 2018, y reseñada por numerosos medios. Aunque, las tres hermanas aclararon que eran otros tiempos y otros códigos.
Mantener el mito de conquistador de Iglesias era parte del marketing de su figura, reconoció Alfredo Fraile, su amigo y mánager durante 15 años.
“En términos de marketing nos venía bien engrandecer la leyenda de Iglesias como ‘latin lover’ devorador de señoras. Unas señoras que, según el mito, caían rendidas en sus brazos con una simple mirada suya”, escribió Fraile en su libro Secretos Confesables.
Además de Villa Corales 5 en Punta Cana, Iglesias pasa sus días de retiro en otros refugios de su propiedad igualmente lujosos, como Lyford Cay, una comunidad privada de Bahamas con helipuerto, la finca Cuatro Lunas, de Málaga, España, o Indian Creek, al sur de Florida, donde vive su esposa, la exmodelo holandesa Miranda Rijnsburger.
Los periodistas de elDiario.es y Univision Noticias tratamos de contactar a Rijnsburger con varios mensajes y llamadas telefónicas, pero la esposa de Iglesias no respondió.
«Princesa con suerte»
La exigencia de Iglesias para que Rebeca acudiera a su habitación fue en aumento, tanto en Punta Cana como en Bahamas, según contó ella. Rebeca calculó que los encuentros sexuales llegaron a un promedio de cinco veces a la semana, casi siempre con la participación de la mánager responsable de la contratación de personal. Solo tenía un respiro cuando la esposa del cantante estaba de visita. Durante los días que Rijnsburger pasaba en la villa, Iglesias ni la miraba, dijo.
Rebeca señaló que, tras dejar su trabajo en la residencia de Iglesias, acudió a un neuropsicólogo, a quien relató los abusos sexuales que, según ella, vivió. Con su autorización, elDiario.es y Univision Noticias lo confirmamos con el especialista, de iniciales A. M.
“Lo que había vivido con Julio Iglesias era, entre todas las cosas que se trataron entre agosto y diciembre del 2022, ese fue el eje central por mucho tiempo”, dijo A. M. durante una entrevista telefónica.
El neuropsicólogo aseguró que durante las primeras sesiones él notaba que “había algo de lo que ella necesitaba hablar, pero le costó hablarlo”. Cuando finalmente Rebeca reveló lo sucedido, lo hizo “con mucha vergüenza”. Él recuerda cómo, durante las terapias, le contó que sufrió “penetración con los dedos” y que Iglesias “la obligó a estar con otra chica”.
“Ella podía decir que se sentía obligada aunque no supiera decir exactamente por qué. Porque no era que le pusieran una pistola en la cabeza ni que le pusieran un cuchillo. […] Él le hacía sentir muy mal”, agregó.
Según A. M., el aislamiento al que estaba sometida Rebeca en su trabajo como empleada interna agravó la situación: “Punta Cana no es la ciudad de [Rebeca]. [Rebeca] vivía aquí en Santo Domingo. El problema aquí es que estás sola, que no te quieres quedar abandonada, que no quieres que te hagan daño. No sabemos cuáles son las repercusiones de una persona poderosa. Puede afectarte a ti y a tu familia”.
En la casa de Punta Cana, la jornada laboral empezaba a las 8 de la mañana y terminaba a las 11 de la noche, cuando arrancaba la rutina de sumisión sexual en el cuarto del patrón, lo que podía extenderse hasta las dos o tres de la madrugada, según relató Rebeca.
Los dolores de cabeza no servían de excusa, señaló. “Él decía: ‘Dale una pastilla a la niña’. Y me daban la pastilla”.
La menstruación tampoco.
“Él decía como que ‘ponle un tampón’, porque claro, él ese día no me metía los dedos, pero sí me ponía a tener relaciones”, dijo Rebeca.
Rebeca recuerda la vez que más tajantemente se negó a tener un encuentro sexual con Iglesias: fue después de una discusión en la que el cantante la insultó fuertemente.
“Entonces cuando yo le digo que no, que no quiero estar con él, él comienza a insultarme muy feo, comienza a decirme que cómo yo no voy a estar con él, que hay muchísimas modelos muriéndose por estar con él”, explicó.
“Tú eres una princesa con suerte”, recuerda que le dijo en esa ocasión. Ella pensó: “¿Cómo voy a ser una princesa con suerte si trabajo más de 16 horas?”. No se atrevió a decir nada más, pero rompió a llorar. “Él trataba de decirme que yo no tenía derecho, por nada del mundo, a decirle que no, a rechazarlo”, añadió.
La joven cronometró así un día en su vida en la villa: a las ocho de la mañana limpiar el gazebo, luego preparar el desayuno de Iglesias, que le servía alrededor de las 11, cuando el cantante se levantaba. Tenía que acompañarlo a tomar el baño en la playa y, al terminar, correr a quitarse la sal del mar y empezar a cocinar el almuerzo que debía estar listo a las tres de la tarde. Durante un tiempo, le sirvió lentejas sin sal, que fue su plato favorito hasta que empezó a quejarse de que le sabía a jabón. Lavaba la loza, limpiaba la cocina y sin pausa empezaba la preparación de la cena que servía a las 11 de la noche. Mientras Iglesias comía, ella debía permanecer de pie con las manos atrás, pendiente de cualquier orden.
La ansiedad de Rebeca era tal que comenzó a sentir fuertes dolores en el pecho, según contó. A principios de mayo, le hicieron pruebas médicas en un hospital de Punta Cana para monitorear sus taquicardias. elDiario.es y Univision Noticias tuvieron acceso a uno de sus exámenes.
Su terapeuta también observó el mismo problema en la joven: “Cuando [Rebeca] llegó a la terapia, ella llegó con un elevado síntoma de trastorno del estado de ánimo. Por un lado, sobre todo ansiedad, tenía un trastorno de ansiedad generalizado”, dijo.
Además, A. M. identificó que Rebeca padecía un trastorno depresivo por distimia, “persistente a lo largo del tiempo”, incluso antes de su paso por la casa de Julio Iglesias. Consultado por las periodistas sobre si ese trastorno pudo haberse agravado a raíz de las agresiones que ella denuncia, A. M. respondió: “Diría que sí, le había afectado enormemente, sobre todo en síntomas relacionados con autoestima […]. Muchos de los síntomas que se encuentran en una persona con depresión se habían agravado en el caso de [Rebeca] de manera significativa”.
A. M. recordó que, hacia el final de las sesiones, Rebeca “estaba teniendo muchos síntomas cardiológicos que a veces son típicos de los trastornos de ansiedad”. En la última consulta, le dijo que no le pagara la sesión y usara ese dinero para que se hiciera una revisión cardiológica y descartara que la taquicardia tuviera un origen biológico. No volvieron a tener citas después de esa sesión.
A. M. dijo que conocía a Rebeca previamente, cuando fue su profesor de inglés, y que había “confianza” entre ellos. Sabía que su situación económica no era buena y –cuando ella lo contactó para iniciar terapia– le cobraba solo una parte del valor de las consultas, “unos 15 dólares”. A pesar del acuerdo, las sesiones terminaron por los problemas financieros de Rebeca, según dijo el especialista.
En total, el neuropsicólogo señaló que hicieron 15 sesiones. A pedido nuestro nos envió una copia de su título de licenciado en Psicología por la Universidad Autónoma de Santo Domingo, así como una copia del título de su maestría en Neuropsicología por la Universidad de Salamanca (España), en 2017. A. M. también nos facilitó su número de exequátur, que confirma que está autorizado para ejercer la psicología clínica en República Dominicana.
Papanicoláu, VIH y test de embarazo
A mediados de 2021, sin explicación previa, varias empleadas domésticas se enteraron de que serían llevadas a un hospital privado de Punta Cana para someterse a un examen que no tenía nada que ver con sus ocupaciones: reconocimientos médicos que incluyeron una revisión ginecológica, test de embarazo y pruebas para detectar enfermedades de transmisión sexual, incluida la de VIH.
“Así en la casa era todo. Él lo imponía. Él no preguntaba nada. Es que no éramos nadie para él. Hacía lo que quería con nosotras”, dijo Rebeca.
Dos furgonetas recogieron a una docena de las trabajadoras para llevarlas a un centro médico donde las examinaría un ginecólogo. Rebeca y su compañera Carolina (nombre ficticio) fueron dos de ellas, según contaron. elDiario.es y Univision Noticias tuvimos acceso a algunos de los exámenes, con fecha de junio de 2021.
En un chat grupal de WhatsApp con las trabajadoras del servicio, la mánager de Iglesias pidió que mandaran los resultados, según constatamos elDiario.es y Univision Noticias. Una de las mujeres le respondió: “Por foto o físico? Todas le tenemos que mandar los resultados”. La mánager contestó: “Físico. Si tienen que tomar algo o lo que sea para que estén completamente sanas”.
Laura, la fisioterapeuta de Iglesias, no tuvo que hacerse estos exámenes. Pero recordó una conversación con el artista en la que él le dijo que mandaba hacer pruebas médicas a las trabajadoras domésticas porque las dominicanas “son como muy puercas”.
Exámenes Ginecológicos



La abogada Ángela Rivera, presidenta de la Fundación Pro Desarrollo de la Mujer en Punta Cana, expresó a periodistas del equipo su extrañeza de que se hagan exámenes de este tipo para empleadas del servicio doméstico.
“Es sospechosamente inusual”, dijo. “No entendería el porqué. Una prueba ginecológica solo se la hace una persona que quiere estudiarse su vagina por dentro. Si se pudiera decir o sospecha que tiene alguna infección, o tu esposo, tu amante, tu amigo, que te diga quiero que te lo hagas para saber tus condiciones” agregó.
Con respecto a las pruebas de VIH, la Ley del Sida de República Dominicana sanciona con multas económicas e indemnizaciones “la solicitud de realización de pruebas para la detección del VIH o de sus anticuerpos por parte de cualquier empleador privado”.
Mientras que el convenio 183 de la Organización Internacional del Trabajo, ratificado por República Dominicana, exige a los estados que adopten medidas para garantizar “que la maternidad no constituye una causa de discriminación en el empleo”. Eso incluye la prohibición de someter a las empleadas a test, salvo en los casos en los que la legislación nacional prohíba algunos trabajos a las mujeres embarazadas o bien ese empleo suponga un riesgo para su salud o la del feto. Un ejemplo sería someter a un control de embarazo a una mujer que vaya a trabajar en una sala de rayos X, un trabajo que sí podría comprometer la salud del feto.
Según fuentes de la OIT que consultamos, los convenios ratificados por República Dominicana y que, por tanto, vinculan legalmente al país, dejan claro que este tipo de pruebas médicas son discriminatorias: “Las pruebas ginecológicas y los test de embarazo sin motivo suponen discriminación por razón de sexo tanto en la contratación como en el periodo de trabajo, pues solo se hacen a las mujeres”.
Ni Julio Iglesias ni su representante legal respondieron a las preguntas sobre las pruebas a las que las empleadas dicen haber sido sometidas. Asimismo, intentamos contactar en reiteradas ocasiones –mediante llamadas telefónicas, mensajes de texto y WhatsApp– a la mánager involucrada en la gestión de dichas pruebas, pero tampoco respondió a las acusaciones.
De señor a truhán
Laura, quien se había licenciado en Venezuela como fisioterapeuta, había emigrado a Colombia por la dura situación que atravesaba su país. Desde allí envió fotos y el currículo que la mánager de la casa le pidió. Empezó a trabajar para Iglesias a principios de 2021.
Cuando la llamaron para ofrecerle un puesto de fisioterapeuta, reconoció el nombre del artista de inmediato porque, según dijo, era un cantante que sus padres y su abuela escuchaban.
La joven quedó deslumbrada con la mansión de Iglesias en Bahamas, a donde se le asignó una habitación con vistas al mar.
A los pocos días viajó con el cantante en su avión Gulfstream G550. Aterrizaron en el aeropuerto internacional de Punta Cana, una terminal en la que el artista aún conserva una pequeña participación accionaria después de haber sido uno de los dueños principales.
Iglesias le pagaría a Laura 2,000 dólares mensuales, cuatro veces más de lo que ganaba en Bogotá.
En un comienzo, recuerda ella, el señor de la casa parecía muy cordial y espléndido.
La gerente la hospedó en la cabaña Bonita Uno a ella sola. Uno de los primeros días, Iglesias la llevó a pasear en su carro de golf alrededor de su paraíso caribeño para el consabido cuestionario del pasado y sus sueños, relató.
Federica Narancio / Univision.
A los pocos días, el mismo señor que le dio un tour por su paraíso y le prometió dar la vuelta al mundo, la estaba llamando “bruta de mierda” y “boluda”, su insulto favorito, según Laura.
Las sesiones de fisioterapia se convirtieron en un suplicio para ella. Se sentía frustrada porque Iglesias descalificaba constantemente sus recomendaciones profesionales y la acribillaba con preguntas inapropiadas, según nos contó.
“Para mí, él era como un viejo verde. Todos los temas de conversación que él tenía era sexoso (sic)”, afirmó. “Recuerdo que me preguntaba […]: ‘¿En qué momento te haces la pajita?’”.
Laura contó que dejó de usar camisetas sin brasier para evitar que Iglesias le pellizcara los pezones. “Él se sentía con poder de agarrarte y apretarte, y yo le decía que no lo hiciera. Y me decía que si yo usaba ese tipo de blusas era porque yo quería que me agarraran los pezones”.
En elDiario.es y Univision Noticias corroboramos este testimonio con una de sus mejores amigas, de iniciales P. M., quien había sido estudiante de psicología y en ese momento vivía en Argentina. Recuerda haber quedado impactada cuando Laura le contó que había sido manoseada.
“El que más recuerdo fue como cuando ella me dijo que él le apretó como un pezón”, dijo P. M. “Yo no podía creer… cómo, ¿te apretó un pezón?”.
Laura dijo que también tuvo que soportar la insistencia de los tríos. “En cada sesión, cada vez que nos quedábamos solos, se volvió como repetitivo”.
El siguiente es un diálogo con el cantante que ella reconstruyó:
Iglesias: Ven acá, ¿tú eres mente abierta?
Laura: Sí, me considero una persona de mente abierta.
Iglesias: ¿A ti te gustan las mujeres?
Laura: No, me dan asco.
Iglesias: Pero, ¿cómo que te dan asco? Tienes que experimentar. O sea, es parte de la vida.
Laura: O sea, yo no. No me siento atraída por mujeres.
Iglesias: ¿Tú serías capaz de hacer un trío conmigo y [la mánager]? ¿Tú serías capaz de eso?
Laura: Es una mujer muy guapa, pero no me gusta. O sea, a mí las mujeres me dan asco.
Durante el tiempo que trabajó allí, asegura que le tocó los senos y la besó sin preguntárselo. “Simplemente lo hacía. Y tú te sientes tan vulnerable”, dijo Laura. “Yo en ese momento pensaba: ¿qué puedo hacer? Si digo que no, estoy botada. Si lo empujo, porque me provocaba empujarlo, está abusando de mí, estoy botada, le puedo hacer daño”.
«La casita del terror»
Iglesias no permite que le toquen su cuerpo por el temor de que se formen morados en su piel debido a un tratamiento con una medicina anticoagulante. Es una norma implacable de la casa, según Laura.
Por esa prohibición, Rebeca aseguró que se mantuvo inmóvil cuando Iglesias le introdujo fuertemente los dedos en su ano, pese a que le rogaba que no lo hiciera. “No, no, no, señor, no, señor, no quiero”, le dijo.
“Claro, me mete los dedos por ahí, a lo que para mí eso fue muy, muy, muy, muy doloroso”, explicó. “Y yo: ‘Por favor, para’, yo no podía ni agarrarle la mano en ese momento, me dolió mucho y no sabía qué hacer. Tenía que quedarme ahí hasta que él entendía que ya”.
La misma sensación de indefensión sentía cuando Iglesias le introducía los dedos en la vagina. “Él me hacía muy, muy duro y eso me generaba mucho dolor”, explicó. “A veces duramos casi una hora y él ni llegaba. Y yo (decía): ‘Dios mío, cuándo va a terminar esto’”.
Era una agonía agravada por la costumbre de Iglesias de abofetearla muy fuerte, agregó.
Federica Narancio / Univision.
“A esa casa hay que llamarle ‘La casita del terror’, de verdad, porque es un drama, un terror, una cosa horrible”, concluyó.
Con frecuencia, al final de los encuentros sexuales, Iglesias le decía: “Rebequita, no estamos haciendo nada malo, no le estamos haciendo daño a nadie. ¿Por qué somos tan putos?”, para luego reprocharse por no destinar tiempo a escribir sus memorias.
Otras veces, le hacía comentarios que delataban su temor a que hubiera filtraciones sobre lo que ocurría en sus mansiones, contó Rebeca.
“Si ustedes dicen algo de mí, nadie les va a creer”, advertía Iglesias, según Rebeca. “Porque ustedes no tienen prueba de nada aquí, en esta casa”.
Por su parte, Laura también escuchó al cantante decir que siempre le creerían “porque él era Julio Iglesias y tú eras (un) don nadie”.


“Yo era una zombi”, dijo Rebeca. “Era una zombi en esa casa, las venas de mis piernas se brotaron hacia afuera porque yo no me sentaba en el día, yo no me sentaba”.
Cuando ya se tendía en su habitación extenuada y con sus piernas hinchadas, recibía un mensaje o una llamada de parte de su jefe avisando que la esperaba en su cama de dosel, donde -según Rebeca- debía acostarse entre él y una de las mánagers.
“Una vez yo pensé, yo dije: ‘Dios, tengo que suicidarme para salir de esta casa porque es demasiado, demasiado. Yo no sé cómo salir de esta casa’. Era una presión horrible”.
Las salidas nocturnas de Rebeca de su dormitorio a la habitación de Iglesias no se salvaron del cotilleo de sus compañeras. Carolina contó a los periodistas que la vio por lo menos en tres ocasiones caminando rumbo a la habitación del cantante, a eso de las once de la noche.
La veía irse, pero no regresar.
Carolina dijo que se enteró de lo que realmente sucedía de boca de la propia Rebeca, cuando ella la contactó después de que ambas dejaran de trabajar para Iglesias en 2021.
“Ella me confirmó que tuvieron una relación íntima, pero que no fue por voluntad propia, como yo pensaba”, afirmó Carolina. “Ella me confirmó que no, que fue un abuso en verdad”.
Carolina dijo que ella nunca sufrió abusos sexuales por parte de Julio Iglesias.
Control remoto
En total, Laura estuvo empleada casi cinco meses y medio, divididos en dos periodos. La primera vez que se fue de la casa lo hizo tras ser despedida: “Él dice que no me tolera, no me soporta”.
Según contó, el cantante quería comprarle un pasaje de regreso a Colombia, donde vivía al momento de ser contratada, pero ella le dijo que quería quedarse en República Dominicana. “Él se molesta y me dice que ‘no’, que yo no iba a obtener ningún beneficio de haber trabajado con él”.
Iglesias pidió a una de las mánagers que la acompañara al aeropuerto para asegurarse de que tomara su vuelo. Pero Laura logró escabullirse y permanecer en República Dominicana.
Desde ese momento, empezó a recibir llamadas de control de Iglesias. “‘¡Hola! ¿Cómo estás? ¿Cómo te está yendo y cómo está el clima en Bogotá y qué estás haciendo y dónde te estás quedando?’”, recuerda que él le preguntaba.
Un mes después, Laura publicó en sus redes la noticia de su nuevo empleo en un centro de fisioterapia de República Dominicana.
“Creo que no pasaron tres horas cuando me entra su llamada. Que dónde estaba, que qué hacía en Santo Domingo, que recogiera mi maleta y me fuera a su casa (en Punta Cana)”, recordó.
Iglesias le ofreció llevarla con él a España. Laura aceptó regresar por tres meses; le dijo que luego tenía que sacar una certificación.

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“Vuelvo pensando que, como ya lo conozco, tengo la fuerza suficiente para tolerar sus maltratos y abusos y que puedo reunir dinero para abrirme a una nueva oportunidad de vida”, explicó.
El viaje a España quedó cancelado cuando Iglesias supo que alguien en su casa de Marbella se había contagiado de covid-19, según Laura.
En esta segunda etapa, recuerda, Iglesias parecía menos abusivo. Pero, mientras esperaba en Bahamas el viaje que no se dio, los meses de agresiones empezaron a hacer mella en su salud. Contó que sufría ataques de pánico y gastritis.
“Yo estaba en mi habitación y me daba taquicardia y las manos se me ponían sudorosas. Me empezaba a doler la cabeza. Entonces yo sentía como un desespero, que quería como salir corriendo y el corazón súper acelerado”, contó.
En uno de esos episodios, llamó a su amiga P. M., quien recurrió a sus conocimientos en psicología para ayudarla a sobrellevar la crisis. Según P. M., hablaban entre tres y cuatro veces por semana. Siempre hacían una videollamada desde el dormitorio de Laura, justo antes de que comenzara las sesiones de fisioterapia con Iglesias, el momento en que su ansiedad solía aumentar.
“Yo siento que ella recurrió a mí porque no sabía cómo lidiar con las cosas que ella estaba sintiendo mentalmente en su cuerpo”, dijo su amiga.
Laura le preguntó por herramientas para manejar los ataques de pánico, pero P. M. le respondió: “No hay ninguna herramienta, tú tienes que salir de ahí”.
Laura renunció definitivamente a mediados de 2021. Iglesias le hizo una propuesta “tajante”, según ella. Esperó a la hora de la cena, le puso la mano en la pierna y le dijo: “Esta noche después de que cenemos vas a ir a tu habitación, te vas a poner una camisa larga sin pantaletas (bragas) y vas a venir a mi habitación. Tú, [la mánager] y yo vamos a hacer un trío”, recordó la joven.
Laura le dijo que no “con mucho respeto y humildad”. Cuando terminó de dar su negativa, el cantante le dio una palmada fuerte en la pierna y le respondió: “Boluda, tú, tú a mí no me gustas”.
Pasado turbulento
Gladys (nombre ficticio), una cocinera que trabajó para Iglesias a finales de los 90, contó que ya en aquel entonces Iglesias contrataba a trabajadoras domésticas con un perfil similar: “morenitas” y jóvenes.
La excocinera dijo que compartía dormitorio con varias empleadas del servicio. Al ser mayor que ellas (tenía unos cuarenta años), dijo que le confiaban algunas de sus experiencias con Iglesias y le pedían consejos. Varias le contaron que Iglesias las buscaba para tener sexo, y que ellas cedían por necesidad. “Eran muchachas bien pobres”.

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Gladys les aconsejaba que se fueran del lugar si no querían continuar los actos sexuales con el cantante, pero le respondían que no era una decisión fácil: tanto ellas como sus padres y otros familiares dependían del salario de la villa, explicó.
Después de irse de la casa, Gladys dijo que no mantuvo contacto con ellas.
La excocinera recuerda a Iglesias como un hombre iracundo que maltrataba verbalmente a sus trabajadores en la villa de Punta Cana. A uno de ellos se le estaba cayendo el cabello por el “ajetreo” y los insultos del cantante, contó. “Por cualquier cosa se irrita”.
Corroboramos el testimonio con ese exempleado, quien confirmó haber perdido parte del cabello por el estrés causado por los brotes de ira de Iglesias. “Que Dios lo tenga en su gloria (a Julio), su cuerpo va a arder en los infiernos”, dijo el extrabajador, quien prefirió no dar más declaraciones por temor a represalias.
El ambiente opresivo y de aislamiento en las casas de Iglesias coincide con el testimonio de otros empleados que trabajaron en distintos periodos para él.
Uno de ellos es Rogelio Villanueva, quien comenzó a trabajar para el cantante en 1999 como pintor, chofer y haciendo tareas de reparación en sus casas de República Dominicana y Bahamas. “Él nunca quiere que los hombres se liguen con las mujeres. Los hombres en su área y las mujeres en su área. Y por eso los empleados allá le tienen mucho miedo, que fueran a verlos y fueran a botarlos por eso”.
Villanueva dijo que, en los 22 años que trabajó para Iglesias, mantuvo una relación respetuosa con él. Sin embargo, lo escuchó insultar a otros: “A mucha gente le habla mal”, afirmó. “Le gusta decirle ‘boludo’ al otro”. El expintor demandó a Julio Iglesias por el impago de sus prestaciones laborales tras ser despedido en 2020.
Fuga de Tinder
En septiembre de 2021, Rebeca se escabulló de la villa para encontrarse con Raúl (nombre ficticio), un joven español que había conocido por la aplicación de citas Tinder y que le daría el último empujón para abandonar la mansión de Julio Iglesias.
En uno de sus primeros encuentros, Rebeca tuvo una reacción inesperada que lo dejó desconcertado. Rompió a llorar sin una razón aparente, recordó Raúl en una entrevista con elDiario.es.
Poco a poco Raúl conoció el motivo. “Me decía como que en cierto momento ella le había dicho que no quería hacer eso (sexo) más, y que el otro se había cabreado”, recordó. “Lo que pasa que el otro estaba abusando de una situación de poder muy grande”, añadió.
Por esos días, contó Raúl, había visto una serie documental de Netflix sobre los depredadores sexuales convictos Jeffrey Epstein y su pareja, Ghislaine Maxwell. En la serie, varias sobrevivientes relataron los abusos sexuales e intimidaciones que sufrieron por parte de ambos.
Raúl le comentó a Rebeca que su situación era parecida a lo que mostraba el documental: “Este tío es tal cual lo que me cuenta Rebeca de Julio Iglesias, es literal este tío”.
Poco a poco, le dio fuerzas para salir de allí.
«Me quiero ir hoy»
A finales de octubre, Rebeca decidió escribirle a la mánager: “Señorita, disculpe los inconvenientes, pero me quiero ir a mi casa, no trabajaré más […] estoy muy cansada y no estoy pidiendo vacaciones, estoy renunciando, necesito estar con mi familia, necesito reanudar mis estudios […] me quiero ir hoy”.
Al enterarse, Iglesias la llamó en un tono conciliador, recuerda Rebeca. El cantante pensaba que la joven se había peleado con alguna de las compañeras, pero en ningún momento se le ocurrió que él podría ser el motivo de su decisión, explicó.
Rebeca salió por última vez de la villa en taxi. En el centro comercial Blue Mall de Punta Cana la esperaba su amigo español de Tinder.
“Alivio y felicidad”: así describió Raúl el rostro de Rebeca al salir a su encuentro. “Se alegró de tomar esa decisión”.
Lo que siguió fue un largo camino de recuperación psicológica marcado por episodios de depresión, dijo Rebeca.
“Cuando me voy de allí, yo me siento muy triste. Salgo con mi hermano y los amigos. Y yo recuerdo que una vez fuimos a un río y yo me fui a caminar y yo no paraba de llorar. Lloraba muchísimo. Yo estuve en la casa, no quería salir”.
Esther Poveda / Univision.
La joven contó que, aun después de meses de haber salido de Corales 5, no encontraba respuesta a un interrogante que le daba vueltas en su cabeza sin parar: ¿por qué obedecía las órdenes de Iglesias?
Decidió preguntárselo a la aplicación de inteligencia artificial ChatGPT. “Yo hice la pregunta de cómo expresar que me sentía obligada a hacer algo, sin tener que decir que tenía miedo a perder mi trabajo, y que tenía otros miedos, en el que me sentía ‘frizada’ y mi mente accedía sin pensar las cosas, pero sabiendo que no quieres hacerlo. ¿Cómo se llama eso?”.
ChatGPT le respondió que era un caso de “sumisión forzada”.
Rebeca explicó que –antes de entrar en contacto con elDiario.es y en un esfuerzo por conseguir pruebas de lo sucedido– envió un mensaje de WhatsApp a Iglesias diciéndole que lo quería mucho y que quería hablar con él.
Iglesias la llamó, pero ella no pudo responder. Dijo que no insistió más. En octubre de 2024 le dio la primera entrevista a elDiario.es, y en septiembre de 2025 a Univision Noticias.
Tras años de reflexión, Rebeca decidió contar su historia por varios motivos. En primer lugar dijo que lo hacía por ella, para estar en paz consigo misma. “Yo sufrí mucho, estuve muy, muy triste por mucho tiempo y me culpaba muy duro, me juzgaba muy duro”, contó quebrada en llanto.
Pero también aseguró que lo hace por otras posibles víctimas. “Quiero darle fuerza a las chicas […] No es su culpa lo que está pasando, es la culpa de él, las están utilizando a su antojo”.
“Me gustaría hablarle a una chica que en un futuro piense ir a trabajar allí, que sepa cómo es la vida allí, que no vaya ciega como yo”, añadió. “Fui buscando un trabajo, buscando una manera de crecer y me encontré con alguien que me destrozó la vida en ese entonces”.
Si has sufrido abusos sexuales, existen organizaciones y profesionales que pueden escucharte, apoyarte y acompañarte de manera confidencial, gratuita y en español. Estos son algunos grupos que brindan ayuda a víctimas:
– UNIDOS: https://www.unidoswi.org/es
– Mil Mujeres: https://milmujeres.org/
– RAINN: https://rainn.org/help-and-healing/hotline/linea-de-ayuda-nacional-de-abuso-sexual-de-rainn/
– Línea Nacional sobre la Violencia Doméstica: https://espanol.thehotline.org/
– The VictimConnect Resource Center: https://victimconnect.org/
Si has vivido o tienes conocimiento de un hecho similar a los que aquí se cuentan, queremos escucharte. Mándanos un mensaje de texto o de voz vía Whatsapp al número +1-866-224-4030. Trataremos tu testimonio con absoluta confidencialidad.
Una investigación de elDiario.es en colaboración Univision Noticias
TEXTO
Gerardo Reyes, Federica Narancio y Esther Poveda
REPORTERISMO
Gerardo Reyes, Elena Cabrera, Ana Requena, Federica Narancio, Esther Poveda y Margarita Rabin
PRODUCCIÓN
Federica Narancio, Esther Poveda, Margarita Rabin, Fernanda Valdivia, Francisco Urreiztieta y Yezid Baquero
COORDINACIÓN – UNIVISION NOTICIAS
Esther Poveda, Federica Narancio, José Ángel Gonzalo
COORDINACIÓN – elDiario.es
María Ramírez e Izaskun Pérez
VIDEO Y FOTOGRAFÍA
Federica Narancio, Esther Poveda, Felipe Ulloa, Andrés Sánchez y Félix Vásquez
DISEÑO Y DESARROLLO WEB
Javier Figueroa, Federica Narancio y Esther Poveda
REDES SOCIALES
Esther Poveda, Federica Narancio y Carolina Astuya
ILUSTRACIÓN Y ANIMACIÓN
Ivo Dovale
REVISIÓN EDITORIAL
María Ramírez, Daniel Coronell
PRODUCCIÓN ADICIONAL
Isaías Alvarado, Raquel Ejerique

