Versión poética y reflexiva:El inmigrante no es un ladrón ni un criminal. Es trabajador, vecino y ser esencial. Vino a levantar lo que tú desprecias, a vivir con dignidad pese a tus sentencias. No empobrece, enriquece. No roba, ofrece. Construye en silencio lo que el sistema adormece. No huyas de él, míralo bien: es como tú, pero con más por qué. No más prejuicios, no más dolor. El inmigrante también merece amor.

Soy un inmigrante no soy un delincuente, ni un ladrón, por lo que te digo.
El inmigrante no es un delincuente,
Es un padre, una madre, un hijo con ilusión.
Dejó atrás su tierra, su historia y su calor,
no por gusto, sino por necesidad y dolor.

No roba, trabaja. No huye, resiste.
No invade, busca un sitio donde existe.
Viene con manos limpias, no con maldad.
Con sueños en los ojos y dignidad.

No juzgues su origen, mira su valor.
El inmigrante también es un sembrador de amor.

El inmigrante no es ladrón, no es criminal,
es quien lucha en silencio por algo vital.
No vino a quitarte, vino a sumar,
a fregar los platos que tú no quieres tocar.

Papeles marcados, pero el alma limpia,
vive en la sombra y aún así se digna.
Tú lo ves ilegal, yo lo veo humano,
con mil heridas y el corazón en la mano.

No es peligro, es resistencia viva.
No es amenaza, es fuerza que camina.

El inmigrante no vino a robar,
vino a buscar un lugar donde amar.
Dejó su casa, dejó su raíz,
por un pedazo de tierra donde ser feliz.

No empuña armas, solo esperanza,
camina entre muros, con confianza.
Si miras de cerca su corazón,
no verás delito, verás pasión.

No es ladrón, es un soñador,
cosechando vida en tierra ajena y con honor.

El inmigrante no es un ladrón ni un criminal.
Es trabajador, vecino y ser esencial.
Vino a levantar lo que tú desprecias,
a vivir con dignidad pese a tus sentencias.

No empobrece, enriquece. No roba, ofrece.
Construye en silencio lo que el sistema adormece.
No huyas de él, míralo bien:
es como tú, pero con más por qué.

No más prejuicios, no más dolor.
El inmigrante también merece amor.