Fallece Maradona a los 60 años tras sufrir una parada cardiorrespiratoria

El exfutbolista argentino Diego Armando Maradona, considerado uno de los mejores jugadores de la historia, ha fallecido a los 60 años tras sufrir una parada cardiorrespiratoria en su casa de la localidad de Tigre, según adelanta el diario argentino ‘Clarín’.

Diego Armando maradona Más que querido venerado en su país natal

Barcelona, 25 nov (EFE).- La estancia de Diego Armando Maradona, fallecido este miércoles a los 60 años, en Barcelona, donde permaneció 700 días, le marcó para siempre, porque dio sus primeros pasos en el fútbol europeo, pero también en el mundo de la droga como él mismo reconoció mucho tiempo después en una entrevista.

Llegó a Barcelona el 4 de junio de 1982, en una operación en la que el club azulgrana invirtió tiempo y mucho dinero. Dos figuras resultaron clave en la operación, el fallecido vicepresidente azulgrana Nicolau Casaus, y el representante futbolístico Josep Maria Minguella.

Recuerda Minguella que la primera vez que vio al jugador fue en 1977 y por casualidad, cuando asistía a un partido de Argentinos Juniors para seguir a un extremo que pretendía el Burgos.

En esa imagen, en la que Diego solo podía caminar ayudado por dos auxiliares, pareció concentrarse su historial clínico: su vieja adicción a la cocaína; un corazón que hacía varios años trabajaba al 30%; la obesidad que lo golpeó a comienzos de siglo -llegó a pesar 120 kilos-; el by pass gástrico al que había sido sometido en 2004; sangrados estomacales cada vez más habituales; problemas severos con el alcohol; un puñado de operaciones que sufrió en sus rodillas y la infinidad de golpes brutales que recibió en su época de jugador, incluida la fractura de un tobillo.

Si el vocabulario de su etapa como futbolista giró alrededor de goles, proezas y actos de magia, ya retirado le sumó términos como dependencia de drogas, afecciones cardíacas, problemas respiratorios, hipertensión, apneas de sueño, miocardiopatía dilatada, diabetes, anemia, borracheras, debilidades hepáticas, episodios de confusión mental y función renal alterada. “Es evidente que tengo línea directa con el Barba”, había dicho en 1997, en referencia a Jesús, después de una de sus habituales resurrecciones.

El fútbol será un simulacro de guerra, pero los estadios constituyeron para Maradona su único remanso de paz, una infancia eterna. Como si de lunes a sábado se dedicara a la halterofilia, la vida afuera de los campos de juego siempre le pesó, acaso inevitablemente. Así como los defensores rivales quedaban minimizados ante un cíclope del fútbol, ser Maradona y tener un solo cuerpo fue una pelea desigual. Como él mismo dijo, “de una patada fui de Villa Fiorito a la cima del mundo y ahí me la tuve que arreglar solo”.

El encierro con el que intentó evitar contagiarse de coronavirus no ayudó a Maradona, que pasó sus últimos días envuelto por una depresión, también explicada por el hematoma subdural detectado en una clínica de La Plata, la ciudad en la que dirigía a Gimnasia. Maradona ya estaba internado desde el 2 de noviembre, una geografía habitual en sus últimos años: las clínicas, los traslados en ambulancias, los quirófanos y las vigilias de sus hinchas en las puertas de los centros médicos. Cuánto más sufría el ídolo, más se apostaban sus feligreses.

El 30 de octubre Diego Maradona cumplió 60 años y por la tarde fue al estadio para dirigir a Gimnasia y Esgrima La Plata ante Patronato. Sin embargo, se retiró apenas comenzado el partido para “descansar” y el foco se puso en sus problemas de salud.

Tres días después, fue internado en una clínica de Buenos Aires.

2 DE NOVIEMBRE: BAJÓN ANÍMICO

“Fue una semana medio complicada para él emocionalmente. Mucha presión, eso generó un bajón anímico. Le afectó la alimentación. Lo vimos de una coloración diferente y con una actitud diferente, decidimos estudiarlo para ponerlo un poco mejor”, dijo su médico personal, Leopoldo Luque, minutos después de que Maradona fuera internado en el sanatorio Ipensa.

“La idea es dejarlo (internado) hasta optimizarlo. Diego, si quiere, se para y se va. No es un cuadro grave ni venimos de urgencia”, añadió

3 DE NOVIEMBRE: CAMBIO DE CLÍNICA Y OPERACIÓN

Al día siguient

“La cirugía la hicimos junto a un equipo de varios neurocirujanos de renombre. Duró una hora y veinte, se pudo evacuar el hematoma de manera exitosa. Diego reaccionó muy bien, está despierto. Está todo muy bien. Diego está controlado, tiene un drenaje que le vamos a retirar mañana, pero salió todo muy bien”, explicó en rueda de prensa Luque.

“Maradona siempre un depresivo, un melancólico crónico”, lo diagnosticó su médico de la década del noventa, Alfredo Cahe. Las muertes de sus padres -Doña Tota. en 2011 y Don Diego en 2015- resultaron dos golpes anímicos que terminaron de desestabilizar su mapamundi familiar, pletórico de conflictos con su exmujer, Claudia Villafañe, e incluso algunas de sus hijas.

El último Maradona, ya lejos de la cocaína, pero con problemas con el alcohol, tampoco podía acudir a su palabra. El hombre de las grandes frases ya solo se comunicaba públicamente a través de comunicados escritos por sus voceros en su cuenta de Instagram.

Maradona les dio tanto a sus adoradores que hasta pareció haberles ofrendado su vida. Mucho más humano, empático, rebelde y contestatario con el poder que el resto de los ídolos, pero a la vez dependiente del cariño popular, se fue llenando de cicatrices y sumando golpes. En su enorme producción de frases, Maradona dejó cientos de menciones relativas al hastío, el dolor y la muerte.

Ya en 1981, todavía en el fútbol argentino, el Pelusa empezó a gritar en el desierto: “Me estoy cansando, cada día me saturo más, no aguanto más. Quiero largar el fútbol. Cumplo el contrato con Boca y dejo el fútbol por un tiempo”. Al año siguiente, pocos meses antes de su pase al Barcelona, dijo en tercera persona, como si ya prefiriera mirarse desde afuera: “La gente tiene que entender que Maradona no es una máquina de dar felicidad”. Entonces intentó tapar esa angustia con la cocaína, a la que recurrió por primera vez en España, a fines de 1982, durante su volcánico paso por el club

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