El ‘Gitano de Pekín’con un toque único en la guitarra flamenca

ISABEL URRUTIA CABRERA

MADRID.

Can Wang es el primer guitarrista chino admitido en el grado superior de flamenco de Córdoba y el primero de su promoción

Tiene 27 años y es licenciado en Ingeniería Medioambiental por la Universidad de Pekín. Nada más terminar la carrera ya se lo rifaban en centros especializados de Arizona y Wisconsin. «Me daban becas y, la verdad, lo tenía muy fácil para irme a Estados Unidos. Siempre he sido muy buen estudiante», admite Can Wang en conversación telefónica desde la capital china, donde ahora solo aterriza cuando está de vacaciones. En los últimos cincos años el panorama se le ha puesto patas arriba y, aun así, nunca se ha sentido más pletórico. Tenía todo encarrilado -«clases y más clases, investigaciones y más investigaciones»- hasta que el arte de Paco de Lucía se cruzó en su camino.

«Yo buscaba algo… No sé qué… Me aburría, me aburría mucho. Mirando, mirando, encontré el disco ‘Cositas buenas’ en internet. Todo cambió. Ese sonido me llegó. ¡Grande! ¡Qué grande!», explica con emoción y un acento sevillano cerradísimo. De un tiempo a esta parte no solo ha echado raíces en la ciudad del Guadalquivir, también está haciendo historia. Hasta ahora ningún chino se había matriculado en el grado superior de Guitarra Flamenca que imparte el Conservatorio ‘Rafael Orozco’ de Córdoba, el único centro que ofrece esa especialidad en España. Algo así como el sanedrín donde se bendice la ortodoxia en el toque, ya sea por bulerías, peteneras, fandangos, tarantos… Hay que ser diestro con todos los palos.

Y todavía más: Can Wang ha superado el examen de ingreso como primero de la promoción. Se presentaron 38 candidatos, aprobaron 15 pero la puerta grande estaba destinada para el ‘Gitano de Pekín’. Así le llaman en los cenáculos del flamenco, con respeto y expectación. Al tribunal del conservatorio no le pilló de sorpresa el nivel del postulante. No demasiado. Hace tiempo que los orientales empezaron a llegar en masa para sacarse el título superior. Eso sí, todos eran japoneses. Ningún chino se había animado. Ahora lo ha conseguido un ingeniero medioambiental, abrazado a una guitarra con el sello del luthier Manuel Reyes. Un instrumento que huele a pino y ciprés, «con un sonido maravilloso, muy profundo y muy flamenco».

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